Hace unas semanas estaba en el gimnasio, en uno de esos momentos en los que el cuerpo va más rápido que la respiración y la mente está enfocada en no perder el ritmo. Una persona a mi lado me preguntó a qué me dedicaba y, entre el cardio y la rutina, le respondí algo breve:

“Acompañamos líderes a desarrollar habilidades para liderar equipos y su inteligencia emocional a través del coaching, y además formamos a quienes quieren ser coaches profesionales.”

Ella me dijo: “Ah sí… he vivido procesos de coaching. Son muy buenos, pero aún me cuesta un poco”.

Algo en su respuesta me generó curiosidad. Le pregunté qué le había costado, y su respuesta fue:

“No me gusta caminar sobre fuego… y cuando me hicieron hacer eso, sentí que no era lo que buscaba. Por eso no me gusta mucho eso del coaching”.

Esa conversación se quedó conmigo.

No por lo anecdótico, sino por lo que representa. Porque una vez más confirmé algo que veo con frecuencia: todavía existe una gran confusión sobre lo que es y lo que NO ES el coaching profesional.

Caminar sobre fuego puede ser una experiencia simbólica, retadora o incluso significativa para algunas personas. Pero no es coaching profesional, o por lo menos no es lo que promovemos en Cromática Coaching desde nuestro programa en Coaching Humanista Organizacional.

El coaching, desde el marco de la International Coaching Federation (ICF), es un proceso conversacional. Es una alianza donde el cliente es protagonista de su propio proceso, y el coach acompaña desde la escucha, la presencia y preguntas que invitan a la reflexión. No se trata de imponer experiencias, ni de llevar a alguien a hacer algo que no desea. Se trata de crear un espacio donde la persona pueda pensarse, sentirse y elegir con mayor consciencia.

Uno de los pilares más importantes del coaching profesional es su base ética. Esto implica respetar profundamente la autonomía del cliente, generar espacios seguros y de confianza, y acompañar desde el cuidado genuino del otro. Cuando una persona siente que tuvo que hacer algo que no estaba alineado con ella, vale la pena preguntarnos si eso fue realmente coaching.

En Cromática creemos en un coaching profundamente humano. Nuestro enfoque de Coaching Humanista Organizacional parte de una premisa sencilla pero poderosa: trabajar en el ser para impactar el hacer. Formamos coaches en competencias clave como la escucha activa, la presencia, la evocación de consciencia y el acompañamiento del crecimiento del cliente, siempre desde el respeto por su ritmo, su historia y su contexto.

Puede que esto no suene tan “impactante” como ciertas experiencias que buscan generar alto impacto emocional o físico. Pero es precisamente ahí donde está su fuerza: en la profundidad, en la sostenibilidad y en la coherencia.

Hoy el coaching sigue creciendo a nivel global. Cada vez más organizaciones lo integran como una herramienta para desarrollar líderes, fortalecer equipos y acompañar procesos de cambio. Y eso es una gran noticia. Sin embargo, también implica una responsabilidad: cuidar el significado de lo que llamamos coaching.

Porque cuando experiencias que no están alineadas con la ética y las competencias profesionales se nombran como coaching, se genera confusión. Y más aún, se pierden oportunidades de que personas accedan a procesos que realmente podrían transformar su manera de liderar y de vivir.

Esa conversación en el gimnasio fue un recordatorio de que aún hay mucho por aclarar, por educar y por compartir.

El coaching no es cruzar límites impuestos desde afuera. Es comprender los propios límites, cuestionarlos cuando es necesario y elegir con mayor consciencia cómo avanzar.

Y cuando ese proceso se da en un espacio seguro, ético y profesional, el cambio no solo se siente… se sostiene.

Si este tema resuena contigo o conoces a alguien que haya tenido dudas sobre el coaching, vale la pena abrir la conversación y vale también la pena que le compartas este artículo. Porque entender qué es realmente el coaching puede cambiar por completo la forma en que decidimos desarrollarnos, liderar y acompañar a otros.

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