Cuando llegó al proceso, había una palabra que repetía constantemente: inseguridad.

Sentía que estaba creciendo profesionalmente, que estaba asumiendo nuevos retos y que incluso tenía capacidades para hacerlo bien. Pero por dentro, algo no terminaba de acomodarse. Dudaba mucho de sí misma, sobrepensaba las decisiones, le costaba sostener conversaciones difíciles y había algo que la agotaba profundamente: preocuparse demasiado por cómo podían verla los demás.

Y creo que muchas personas se van a identificar con esto porque a veces, desde afuera, alguien puede verse funcional, responsable e incluso exitoso… mientras por dentro vive en un estado permanente de tensión intentando no equivocarse.

Al inicio del proceso, ella pensaba que necesitaba “trabajar la inseguridad”. Pero algo muy poderoso del coaching es que rara vez nos quedamos en la primera respuesta. Las conversaciones empiezan a abrir capas que ni siquiera la misma persona había podido ver.

Poco a poco empezó a notar que detrás de esa inseguridad había algo más profundo: miedo. Miedo a cometer errores. Miedo a decepcionar. Miedo a generar incomodidad. Miedo a confrontar. Y también una necesidad muy fuerte de mantener todo bajo control para sentir tranquilidad.

Ahí apareció un insight importante: Muchas veces el control no viene de la autoridad ni de la exigencia. Viene del miedo… Del miedo a que las cosas salgan mal. Del miedo a no ser suficiente. Del miedo a perder estabilidad o reconocimiento.

Y cuando una persona vive desde ahí, empieza a desgastarse sin darse cuenta. Se vuelve difícil soltar, delegar, confiar o simplemente bajar el ritmo.

Recuerdo que en una de las sesiones dijo algo muy humano: “Estoy muy ansiosa… me cuesta contenerme… necesito bajar el ritmo”. Y ese momento fue muy importante, porque dejó de pelear consigo misma y empezó a observarse con más honestidad.

Ahí es donde el coaching tiene una fuerza enorme.

No porque el coach tenga respuestas mágicas ni porque venga a decirle a alguien cómo vivir. De hecho, eso no es coaching profesional.

La International Coaching Federation (ICF) habla del coaching como un proceso que acompaña a las personas a maximizar su potencial personal y profesional a través de conversaciones reflexivas y creativas. Y en la práctica, muchas veces eso significa ayudar a alguien a verse con una claridad que antes no tenía.

Eso empezó a pasar en este proceso.

Las conversaciones dejaron de girar alrededor de “cómo hacerlo perfecto” y empezaron a enfocarse en comprender qué estaba ocurriendo internamente cuando aparecía la ansiedad, la necesidad de controlar o el temor a decepcionar.

Y desde ahí, empezaron a cambiar cosas concretas porque comenzó a tener conversaciones más abiertas con su equipo. Empezó a escuchar distinto. A notar cuándo estaba reaccionando desde la ansiedad y no desde la consciencia. Incluso empezó a darse permiso para no tener todas las respuestas inmediatamente.

No fue un cambio de un día para otro. Pero sí fue un cambio real.

En el cierre del proceso dijo algo que me pareció profundamente valioso: “No me dijiste qué hacer ni cómo hacerlo. Pero con tus preguntas encontré respuestas que no había podido ver”.

Y creo que esa frase explica muy bien lo que sí es el coaching.

  • No es aconsejar.
  • No es dirigir la vida del otro.
  • No es decirle qué decisión tomar.

Es crear un espacio donde alguien pueda escucharse con más profundidad y empezar a relacionarse distinto consigo mismo.

Hoy no es que su vida sea perfecta o que ya no existan miedos. La diferencia es que ahora logra reconocerlos sin dejar que definan cada decisión; gestiona mejor sus emociones; tiene conversaciones más honestas y se siente mucho más consciente de cómo quiere liderar y relacionarse con otros.

Y eso importa muchísimo.

Porque estudios de Harvard Business Review y McKinsey llevan años mostrando que los líderes con mayor consciencia emocional y capacidad conversacional generan entornos más seguros, equipos más comprometidos y culturas organizacionales más saludables.

Pero esas habilidades no nacen solamente de aprender técnicas.

Nacen de hacer trabajo interno.

Nacen de aprender a observarse.

Y muchas veces, todo empieza con una conversación.

Tal vez por eso, mientras escribo esto, me queda una pregunta dando vueltas:

¿Cuántas veces llamamos “inseguridad” a mecanismos de protección que llevamos años sosteniendo sin darnos cuenta?

Y quizás ahí empieza algo importante.

Y si al leer esto sientes curiosidad —no solo por tu propio proceso, sino también por la posibilidad de acompañar a otros en conversaciones así—, tal vez vale la pena explorarlo.

Si sientes curiosidad por explorar si estudiar Coaching podría ser tu siguiente paso, puedes agendar una conversación con nosotros. Es un espacio para entender tu momento, tu intención y, desde ahí, decirte con honestidad si esta formación hace sentido para ti.

Agenda acá tu cita

👉 https://cromaticacoaching.com/entrevista-cho

Contenido del artículo

Noticias relacionadas