Reflexiones inspiradas en La sociedad del cansancio de Byung-Chul Han)

Hay un cansancio que se quita con una buena noche de sueño. Y hay otro más silencioso, más profundo… ese que aparece incluso cuando “todo va bien”.

Ese cansancio no viene solo de tener mucho trabajo. Viene de no tener pausa. De vivir con la sensación de que siempre podríamos estar haciendo algo más: respondiendo más rápido, aprendiendo algo nuevo, avanzando un pendiente, mejorando un proceso, optimizando una versión de nosotros.

Byung-Chul Han lo nombra con claridad: la sociedad del cansancio, una época en la que ya no necesitamos que alguien nos obligue, porque nosotros mismos nos empujamos.

Del “debes” al “puedes” (y el precio que pagamos)

Durante mucho tiempo la vida se organizó con normas externas: “debes”, “no debes”, “está prohibido”. Hoy el lenguaje cambió: “tú puedes”, “si te esfuerzas lo logras”, “sé tu mejor versión”.

Suena liberador, pero tiene un lado complejo: cuando todo parece posible, poner límites se vuelve difícil, y descansar empieza a sentirse como culpa.

Entonces el cansancio ya no se explica con “trabajé demasiado”, sino con algo más íntimo: “No estoy llegando.” “No soy suficiente.” “Debería poder.”

Y esa idea, repetida en silencio, desgasta.

La autoexigencia disfrazada de libertad

Una de las ideas más inquietantes del libro es esta: hoy no necesitamos un “jefe” que nos explote, porque podemos explotarnos solos. No como castigo, sino como decisión personal.

Lo hacemos con entusiasmo, con compromiso, con sentido de responsabilidad. Y ahí es donde se vuelve difícil de ver: la autoexigencia se puede confundir con amor propio (“me estoy superando”), cuando en realidad es una forma refinada de violencia interna (“no me permito parar”).

Equipos cansados: mucha acción, poca presencia

En las organizaciones esto se nota rápido, aunque a veces se normalice:

  • Reuniones llenas de información, vacías de conversación real.
  • Personas resolviendo sin pensar, reaccionando sin procesar.
  • Equipos que “cumplen”, pero se sienten desconectados.
  • Líderes que sostienen todo… hasta que un día el cuerpo o el ánimo dicen “no más”.

Porque el cansancio también es relacional: cuando estamos saturados, escuchar cuesta, conversar cuesta, confiar cuesta. Y sin esas tres cosas, el equipo funciona… pero no florece.

Cuando el descanso solo sirve para rendir más, deja de sanar

Tal vez una de las trampas más comunes es esta: descansar, pero como estrategia de productividad. Dormir para rendir. Pausar para producir. Vacacionar para volver “con toda”.

El problema es que así el descanso no repara. Solo recarga para seguir en el mismo ritmo.

El descanso verdadero tiene otra intención: volver a ti, no volver a la agenda.

Tres prácticas pequeñas que pueden cambiar el ritmo

No se trata de renunciar a la excelencia ni de “hacer menos” por hacerlo. Se trata de recuperar agencia: elegir, priorizar, habitarte.

Aquí van tres prácticas simples, aplicables en vida y en equipos:

1) Pausas reales (no solo cambios de pantalla)

Cinco minutos sin estímulo. Sin celular. Sin “aprovechar para responder”. Respirar, mirar por la ventana, notar el cuerpo. Parece mínimo, pero le devuelve al sistema nervioso un mensaje clave: aquí no hay urgencia todo el tiempo.

2) Conversaciones de acuerdos (para proteger lo importante)

En equipos, hablar de esto hace una diferencia enorme:

  • ¿Qué es urgente de verdad y qué es hábito?
  • ¿En qué horarios esperamos respuesta?
  • ¿Qué prácticas estamos sosteniendo por miedo y no por valor?

A veces el agotamiento no se resuelve con más herramientas, sino con un acuerdo valiente.

3) Volver a una sola cosa

La multitarea se siente eficiente, pero nos fragmenta. Hacer una sola cosa por vez (aunque sea por bloques cortos) devuelve foco, presencia y sentido. Es una forma de respeto: a tu mente, a tu tiempo, a tu energía.

Para cerrar (y abrir un camino)

Quizá el cansancio más duro no es el del trabajo, sino el de la exigencia interna que no descansa nunca.

Por eso vale la pena hacernos esta pregunta:

¿En qué parte de tu vida el “puedo con todo” ya se convirtió en una carga?

En Cromática creemos que este tipo de preguntas no solo alivian: transforman. Y que aprender a sostener conversaciones conscientes es una de las habilidades más necesarias en esta época: para liderar, para acompañar, para vivir con más presencia.

Si sientes el llamado a profundizar en estas conversaciones y convertirlas en una práctica profesional, puede que este sea un buen momento para formarte como coach. Nuestra Certificación en Coaching Humanista Organizacional es un camino para desarrollar presencia, escucha, lenguaje y herramientas concretas para acompañar procesos reales en personas y equipos.

Si quieres conocer el enfoque, la estructura y cómo podrías aplicar lo aprendido en tu contexto, escríbenos por mensaje interno y te compartimos la información.

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